Puedo imaginar lo que estás pensando: “Laura, este es un blog de bodas, ¿cómo es posible que no celebres San Valentín?”. Y te entiendo perfectamente. Suena un poco contradictorio. Todo lo que publico en esta web y mis redes sociales tiene que ver con el amor y justo, el día en que se conmemora el amor, no hago nada especial.

Al principio anhelaba recibir regalos en San Valentín

Confieso que siempre he sido muy enamoradiza. Desde niña soñaba con el chico ideal, que me escribiese una carta de amor y me llevase a dar un paseo romántico por el parque. Recuerdo los días de San Valentín en el colegio cuando había algunas afortunadas que recibían un regalo o unas flores. Siempre de parte de algún niño tímido que no se atrevía a “pedirle salir” y dejaba una notita en su mesa. Y yo me preguntaba… ¿cuándo me tocará a mí?

Pasó el tiempo y llegó mi turno. Recibí regalos como esclavas, anillos, flores… Pero me di cuenta de que recibir regalos el día de los enamorados no me resultaba tan agradable como pensaba. Sentía que ese día iba a recibir una sorpresa porque “tocaba hacer regalos”. Algo parecido a lo que sucede con los cumpleaños y la Navidad.

Con Fran entendí el verdadero significado de celebrar el amor

Cuando empecé a salir con Fran hablamos este tema desde el principio. Y los dos coincidimos en que no creíamos en San Valentín. Creemos en nosotros, en cuidar nuestra relación y en hacernos regalos cuando nos apetezca. Así que en estos 7 años que llevamos de relación nunca hemos celebrado San Valentín, pero hemos decidido hacer alguna escapada solo para estar juntos porque sentíamos que lo necesitábamos o hemos ido a cenar a un restaurante que significa mucho para nosotros.

Ya no recibo joyas, porque Fran sabe que no suelo llevar complementos. Él, en cambio, me regala plantas, que para mí tienen mucho más valor, ya que nos acompañan a través del tiempo y forman parte de la decoración de la casa. Así siempre que las veo pienso en él y en el día que me sorprendió con ellas.

También recibo por su parte detalles entre semana, como por ejemplo unas manzanas de una frutería ecológica. Para muchos no significarán nada, pero para mí lo son todo. Porque sé que cuando Fran está de camino a casa tras el trabajo piensa en mí y compra esas manzanas que están especialmente ricas. Porque sé que se preocupa de que coma fruta y por tanto, de mi salud. Seguramente parecerá una tontería, pero para mí esa es una de las mayores muestras de amor que existen.

Al final, estos pequeños detalles son los que alimentan una relación (y nunca mejor dicho, ya que he puesto el ejemplo de las manzanas :p). Como has podido ver, me hace muchísima más ilusión que todo suceda por sorpresa, que los gestos de amor no estén programados para un día en concreto. ¡Que viva el «San Valentín prorrateado»! 😀

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